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DIRECTIVO SIGLO XXI DEBERÁ SER SENSIBLE A CAMBIOS DEL MERCADO
21 de Diciembre de 2004, 15:16
El directivo del siglo XXI tiene que saber manejar las nuevas relaciones con el
mercado y el entorno, para lo que es necesario que su perfil cuente con las siguientes
cualidades: anticipación y sensibilidad a los cambios; flexibilidad y capacidad
de adaptación; creación de relaciones con clientes a través
de los nuevos canales y maximización del contacto con clientes.
Así se pone de manifiesto en un estudio realizado por la consultora PeopleMatters
sobre los nuevos retos de los dirigentes ante los cambios macroeconómicos,
tanto demográficos y sociales, como económicos, tecnológicos
y legislativos.
El estudio, basado en multinacionales y grandes empresas españolas, considera
que el directivo actual tiene que desarrollar el pensamiento lateral (mente imaginativa,
creativa y divergente); dominar y promover las nuevas tecnologías y contar
con capacidad para aprender y desaprender para lograr resultados a través
de los procesos de negocio.
Uno de los retos más importantes es la innovación constante, lo
que conlleva la permanente búsqueda de una mejor manera de hacer las cosas
y la creación de una cultura de la productividad y del compromiso con el
proyecto empresarial.
El estudio resalta que la repercusión de los cambios del mercado en la
función directiva y, en concreto, de cómo el directivo tiene que
ser un gestor proactivo de personas y equipos. Dentro de este apartado existe
una clara preocupación del ejecutivo por la gestión de un talento
cada día más escaso y, por tanto, su responsabilidad de crear un
microentorno en la organización para atraer y retener el talento. En este
nuevo contexto demográfico la gestión de la multiculturalidad también
cobra más importancia.
Por último, el estudio destaca como una de las principales funciones del
directivo la de ser portavoz de la organización. Para ello, el directivo
debe lograr la identificación de todo su equipo con el proyecto empresarial
(compromiso y sentimiento de pertenencia); sentir como propia la misión
y cultura de la empresa; y dar ejemplo de coherencia e integridad en todos y cada
uno de sus comportamientos.