La doble personalidad inversora no es la única vertiente
en que el mundo de la bolsa y las finanzas muestra un cierto grado de locura.
Si bien es cierto que detrás del comportamiento de la bolsa hay una serie de factores
económicos y empresariales que en último término se imponen (puntualizando
habría que decir que no todo el mundo está de acuerdo en esto, muchos inversores
piensan que la bolsa está definitiva y completamente loca), ya les hemos comentado
alguna vez que no hay que olvidar que al final todo lo
relacionado con la economía encierra un factor humano fundamental: los agentes
económicos somos personas, los inversores son personas, los empresarios son personas...
y como personas habitualmente somos impredecibles, volátiles y tendentes a dejarnos
llevar por los nervios muy a menudo. Y con ello tratar de reflejar todo lo que
acontece en bolsa por medio de modelos matemáticos o racionales es muchas veces
un intento baldío.
En "Entender la economía" les dábamos una definición
de los economistas ciertamente crítica; otra similar a aquella dice que "Los economistas
son aquellas personas que explicarán mañana porqué no ha ocurrido hoy lo que ellos
predijeron ayer". Esto desgraciadamente es algo que ocurre con mucha frecuencia
y que los economistas tenemos que entonar como un mea culpa; rara vez se
encontrará usted con un experto en bolsa que no encuentre una manera de explicar
lo que ha ocurrido, a menudo de manera contradictoria.
Los ejemplos son varios y frecuentes: uno bastante curioso se producía entre 1998
y 1999, cuando la atención de los mercados financieros internacionales se centraba
en la crisis de la economía brasileña y la pérdida de valor de su divisa (el real);
en aquel entonces podían leerse comentarios que un día achacaban las caídas de
la bolsa de Sao Paolo a la debilidad del real y al día siguiente explicaban las
subidas de esa misma bolsa por exactamente la misma razón (en "Entender la economía"
les comentamos la relación entre el mercado de divisas
y la bolsa).
Mención especial merece un concepto mágico que aparece casi siempre en cualquier
explicación a un suceso ocurrido en bolsa: el "descuento". Si ante un hecho concreto
los efectos no son los que cabía prever, los expertos dirán que el asunto ya estaba
descontado por el mercado (es decir, reflejado en la cotización).
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