A menudo los gestores de una empresa consideran que están haciendo muy bien su
trabajo: la empresa registra un sano crecimiento en sus beneficios, se implica
en proyectos muy rentables... y sin embargo la cotización de la acción no responde
y se estanca o incluso cae en bolsa.
En este tipo de situaciones los directivos consideran que la empresa está infravalorada
en el mercado y entienden que podría ser un gran negocio para la propia empresa
el comprar sus propias acciones. La idea sería comprar una serie de acciones,
esperar a que se revaloricen y finalmente venderlas generando un beneficio que,
en definitiva, corresponde a los accionistas. En general esta manera de ver el
asunto explica el gran interés que suelen despertar los programas de recompra
de acciones propias: a menudo se entiende que los gestores de una empresa disponen
de la mejor información sobre la evolución de sus negocios. Y si ellos consideran
que la acción está muy infravalorada, quizá se presente una buena oportunidad
de inversión para el público general.
Con todo hay que señalar en este sentido una doble vertiente: cuando una empresa
compra acciones propias está utilizando para ello un dinero que podría usar para
invertir en nuevos proyectos, es decir, está renunciando a posibilidades de
crecimiento futuras... ¿No podríamos concluir que la empresa está falta de ideas
de inversión que otorguen crecimiento futuro? En definitiva la empresa puede recurrir
a fuentes de financiación ajenas si a posteriori encuentra proyectos de inversión
más interesantes que comprar sus acciones (recurriendo a deuda bancaria, por ejemplo).
Incluso algunos estudios financieros señalan que los dividendos futuros no dependen
tanto de los flujos de caja (por ejemplo la salida de dinero de la compañía para
comprar acciones propias) como de la eficiencia operativa de la compañía en sus
negocios, con lo que se concluiría que comprando acciones propias la empresa no
renuncia a dividendos futuros.
En España hay numerosos ejemplos de compañías que entran en programas de recompra
de acciones propias enunciando como motivo la situación de infravaloración que
vive la acción: un caso reciente es el de Tubacex,
que el pasado 8 de Enero anunció haber comprado acciones propias hasta alcanzar
el 3.38% de su capital, y que "dado que la valoración en bolsa de la compañía
no se corresponde con la situación y expectativas de negocio del grupo, prevé
proseguir con la compra de acciones propias hasta alcanzar el 5% del capital social"
(límite máximo fijado por la ley). Otra compañía que ha venido siguiendo esta
política consistentemente es el de la tabaquera Altadis.
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