La convergencia real de España con la Unión Europea ha avanzado notablemente con
la ampliación de los nuevos diez países comunitarios desde el pasado 1 de mayo,
de manera que el PIB per capita español en 2003 ha pasado de representar el 85,3
por ciento de la UE de los Quince al 93 por ciento respecto a la UE de los Veinticinco.
Así se pone de manifiesto en un artículo sobre "Indicadores de convergencia real
de España en la UE ampliada" incluido en el último boletín económico del Banco
de España, en el que queda reflejada la mejora sustancial de la economía española
debido al menor nivel de renta per capita de los nuevos países en relación al
promedio de la UE-15.
Igualmente, el nivel relativo de productividad de España se sitúa en el 100,4
por ciento en relación con la UE-25, frente al 93,5 por ciento cuando la comparación
se realiza con la UE de los Quince.
Según el Banco de España, los niveles de bienestar económico de los nuevos socios
comunitarios en el momento de su incorporación a la UE están todavía muy alejados
de los del resto de la UE, y para buena parte de ellos son inferiores al nivel
de renta per capita de la economía española en 1986, cuando se produjo su ingreso
en la UE.
No obstante, la brecha de bienestar entre ambos grupos de países se ha reducido
sustancialmente en los últimos años, trayectoria que continuará con gran probabilidad
tras la incorporación de los nuevos socios a la UE. El nivel relativo del PIB
per capita de los nuevos países comunitarios es del 49 por ciento de la UE de
los Quince, porcentaje que se eleva hasta el 53,4 por ciento de la UE-25 (un 57
por ciento del PIB español).
Dentro de este grupo, Chipre y Eslovenia son las economías con mayores niveles
de PIB per capita, superando en ambos casos a Grecia y Portugal, que marcaban
hasta ahora el límite inferior de renta per capita de la UE-15.
Esta brecha se explica fundamentalmente por el bajo nivel de la productividad
aparente del trabajo que presentan los países de la ampliación, que se sitúa en
el 54 por ciento de la UE de los Quince, y en el 58,1 por ciento de la UE-25 (57,8
por ciento del nivel de productividad de España).
MENOR DESNIVEL DE LA TASA DE OCUPACION.
Por su parte, la tasa de ocupación también muestra niveles inferiores a los del
conjunto de la UE, aunque el diferencial es notablemente más reducido, situándose
en el 86,5 por ciento en relación a los Quince. Por el contrario, estos países
muestran, en conjunto, un porcentaje de población en edad de trabajar superior
al de la media comunitaria, aunque su tasa de paro es también más elevada.
A pesar de estas marcadas diferencias, las economías de los países de la ampliación
están experimentando en los últimos años elevadas tasas de crecimiento, de forma
que la brecha de bienestar económico con los países de la UE se está reduciendo
de forma significativa.
Así, el PIB per cápita de este grupo de países aumentó en el período 2000-2003
a una tasa anual que supera en casi 2 puntos porcentuales la tasa promedio de
la UE-15 (1,2 puntos la de la economía española), y en 1,75 puntos la media de
la UE-25.
De hecho, todos los países de la ampliación -con la única excepción de Malta-
registran tasas de crecimiento más elevadas que las de los países que hasta ahora
integraban la UE.
Además, el crecimiento de la productividad está contribuyendo al aumento del PIB
per capita de estos países, de forma que la tasa diferencial de crecimiento para
el conjunto de los nuevos socios con relación a la UE-25 alcanza los 2,1 puntos
(2,4 por encima de la española).
Este incremento de la productividad se ha visto influido por la evolución del
mercado de trabajo, dado que para el conjunto de los países de la ampliación se
observa un aumento de la tasa de paro y un descenso de la tasa de ocupación.
No obstante, el Banco de España resalta que no hay que descartar que este fuerte
avance en la productividad del trabajo refleje también las ganancias de eficiencia
que se han producido como consecuencia de los cambios en el patrón de especialización
productiva, la afluencia de inversión directa extranjera y el esfuerzo de capitalización
realizado en los últimos años.
En cuanto al gasto en I+D, existen niveles próximos a la media comunitaria en
el gasto que realiza el sector público, y considerablemente más alejados en el
gasto privado.
Por su parte, la posición relativa de la formación bruta de capital fijo sobre
el PIB, que para el conjunto de los nuevos socios se situó en 2003 en el 124 por
ciento, ilustra el importante esfuerzo inversor que están realizando estas economías.