LAS AMPLIACIONES DE CAPITAL
Lluvia de papel que crea valor al accionista
La ampliación de capital para financiar compras suele ser rentable a partir del segundo o tercer año
Gabriel Rodríguez
Una lluvia de papel se cierne sobre el mercado. En el último año, las ampliaciones de capital de las sociedades cotizadas alcanzaron los 26.747,22 millones de euros, lo que multiplica por cinco los 4.498 millones de 2005. La mayoría de estas ampliaciones se destinaron a la financiación de operaciones corporativas y a la vista de la oleada de fusiones y adquisiciones que se avecina, esta tendencia continuará a lo largo del año, a juicio de los expertos.
Desde la ampliación de entre 600 y 700 millones de euros que, según los últimos rumores realizará
Inmocaral para financiar la compra de Riofisa hasta los 263,3 millones de acciones que emitirá la
Iberdrola. El consejo de administración de la eléctrica aprobará el 29 de marzo la ampliación de capital para financiar parte de la compra de Scottish Power, pero no es la única inyección de acciones.
BBVA acaba de sorprender al mercado con la adquisición de Compass Bancshares, que financiará en parte con una ampliación de capital de un máximo 196 millones de acciones.
Una apuesta de futuro
Ahora bien, ¿son rentables estas ampliaciones de capital para el accionista? ¿Crean valor? “Inicialmente, suele haber una dilución del beneficio por acción (BPA) por la
prima que paga, por ejemplo,
BBVA por Compass Bancshares, lo que no significa que sea una mala compra”, advierte el director de análisis de M&G,
Nicolás López.
Con la compra del Abbey National, el otro gran banco, el
Santander, tuvo que ampliar capital y sufrió durante los dos primeros años una dilución del BPA, que acabó a partir del tercer año, recuerda el experto. López admite que no siempre ocurre lo mismo, pero subraya que en términos generales, acudir al mercado para obtener financiación y hacer frente a una determinada adquisición constituye una apuesta rentable para el accionista a medio o largo plazo.
Todas estas ampliaciones de capital valoran los títulos de la emisión por debajo del precio del mercado con “el objetivo de ofrecer ventajas al inversor institucional para atraerlo y así obtener mayor estabilidad en su accionario”, advierten fuentes del mercado. Este respaldo favorece esta vía de financiación empresarial, pero no impide la reacción inicial del inversor, que observa con temor los efectos dilutivos en el BPA del comprador y otros factores más visibles a los ojos de los expertos.
ones emitidas y entregadas a inversores institucionales para financiar la operación, volverán al mercado a través de las ventas realizadas por fondos norteamericanos y otros inversores”.
La reentrada de papel
Tras una emisión de capital que, en principio, ya se había colocado entre inversores instucionales, el mercado se encontrará entonces con la necesidad de asumirla y con el peligro de una falta de demanda que haga caer el precio de la acción, destaca López.
Esta futura entrada de papel lastra la cotización del
BBVA hasta el punto de que “incluso cabe pensar que esos inversores institucionales, sobre todo fondos norteamericanos, se encuentren realizando ya operaciones de venta en futuros, lo que presionaría el precio hacia abajo”.
El mercado tiene capacidad suficiente para absorber la lluvia de papel que se avecina y que ahora, pasa factura a
BBVA, señalan Cristina Urbano, de Gaesco, y
Nicolás López. Aún así, “tardará un tiempo”, matiza López, quien recuerda que el
Santander, tras la compra del Abbey, superó el castigo del mercado y retomó el sendero alcista.
El efecto de la salida
La buena marcha bursátil y económica lleva a los expertos a confiar en la capacidad de asimilación de esta esperada inyección de acciones, que “sólo se vería amenazada si la bolsa cambiara de rumbo”, destaca López.
Una absorción que, no obstante, se compensará además con la retirada de papel que se producirá este año. “La oferta de E.On sobre
Endesa supondrá la salida de alrededor de 40.000 millones, a los que hay que sumar las recompras de acciones de
Telefónica,
Altadis o el escenario de concentración que se cierne sobre las inmobiliarias”, explica el analista.
Esto alimenta la tesis que sostienen algunos estudios, que reflejan la primacía de las retiradas de acciones sobre la entrada a través de las ampliaciones como resultado de la voracidad de las firmas de capital riesgo, según López. Un efecto que compensará la lluvia de títulos que se cierne sobre el parqué, al calor de la nueva oleada de fusiones y adquisiones que se avecina y que apunta en primer lugar al
Santander.
¿El
Santander, el próximo?
Todos los ojos están puestos en el Sovereign de Filadelfia, donde controla el 25% de las acciones y el 75% restante podría costarle unos 7.000 millones de euros, según fuentes del mercado. Con una ampliación del 5% del capital obtendría casi 4.500 millones. Esta cifra sumada a los ingresos por plusvalías (unos 4.000 millones) le facilitaría la adquisición.
“Con un alza de la cotización del 20% en el Sovereign, descontando los fondos de comercio y manteniendo los niveles de solvencia, el
Santander necesitaría 6.100 millones”, según las mismas fuentes. Así, si pagan en metálico 3.000 millones, sólo tendría que ampliar capital un 3,3%.
Botín, que no compra nada desde hace dos años y medio cuando adquirió Abbey, tendría a tiro el Sovereign