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Estos ateos y agnósticos en vida apostatan hasta de su padre
pero en el momento de la muerte se abrazan al crucifijo que no veas. Yo recuerdo dos casos:
Tierno Galvan, ateo de toda la vida y en el momento de la muerte pidió urgentemente un confesor y nada menos que el Azobispo de Madrid, que era Monseñor Suquía. Casi nada.
Un tío abuelo, Felipe Platero jefe del partido comunista de Guipuzcoa en la clandestinidad, en tiempos de Franco, siempre estuvo metiendose con los curas, pero en el momento de la muerte se abrazaba como una lapa al crucifijo, cosas veredes amigo Sancho.
Luego además no les basta con ser ellos ateos o agnósticos, si no que además les molestan todos los creyentes y no saben respetar el derecho que cada uno tiene a creer en lo que quiera.