Y si no miren a los del mercado de la estepa..
Roberto "Bob" creó el Mercado de la Estepa, un sistema que transforma a pequeños productores rurales en ciudadanos capaces de hacer valer sus derechos y hacerse cargo de sus propios procesos de cambio. Utiliza la producción y la comercialización justa de productos de familias marginales como una excusa para que ellas mejoren sus ingresos, y reconozcan su propia capacidad para participar en la toma de decisiones y acceder a mejores niveles de educación y salud para modificar su calidad de vida.
Elementos de la idea nueva
A partir de su vasta experiencia de trabajo con pequeños productores,
Bob se dio cuenta de que la mayor barrera que enfrentan para integrarse a un proceso de desarrollo genuino y mejorar su calidad de vida no es solamente la falta de la titularidad de las tierras, la producción a escala mínima o la comercialización fragmentada, entre otros. El problema es más profundo, y está vinculado a la falta de percepción que tienen los pequeños productores rurales marginales de sí mismos como ciudadanos capaces de ejercer sus derechos, de gestionar un mejor acceso a servicios, de participar en la toma de decisiones de las políticas que los afectan. A su pobreza y aislamiento históricos se suma que, por un lado no conocen los mecanismos de participación que están a su alcance, y por otro, no se atreven a utilizarlos.
Es por eso que
Bob diseñó el Mercado de la Estepa, un sistema que, utilizando como excusa la promoción de lo que los productores ya saben hacer -producción y comercialización-, tiene como objetivo último generar en ellos procesos de recuperación de la autoestima y revalorización de su cultura, y a la vez capacidades reales de participación, de toma de decisiones, de gestión y de hacerse cargo de su propio destino como grupo.
El Mercado de la Estepa es un centro comercial y cultural en donde las comunidades rurales comercializan sus productos de una manera
atípica: cada una elige dos representantes quienes, por turnos, rotan para hacerse cargo de las ventas del local; con este sistema cada uno debe promocionar todos los productos por igual -no solo vende sus productos sino los de todos- en una lógica de colaboración y no de competencia. Ellos mismos son quienes elaboran el reglamento de uso y de funcionamiento del local, resuelven de manera organizada los conflictos que se presentan. Elevan la calidad de sus productos a partir del compartir con sus colegas, y no porque alguien "experto"
les dice qué hacer. Los productores se fortalecen al comercializar como grupo y además este espacio les sirve también para vincular a los grupos distantes entre sí, acercando a quienes están geográficamente aislados.
Los procesos que se generan a través de este espacio de producción y comercialización convencen a estas personas de sus derechos y obligaciones ciudadanas y les dan la oportunidad de convertirse en actores fundamentales de la construcción de sus propias realidades. A largo plazo
Bob piensa que la organización sustentable de las comunidades rurales y suburbanas les permitirá participar en los procesos regionales de toma de decisión que los afectan e influir en la formulación y seguimiento de las políticas públicas.
Elementos del problema
Las poblaciones rurales marginales en la
Argentina viven en condiciones de exclusión estructural debido a la falta de trabajo, los deteriorados servicios de salud y educación y la ausencia de medios de comunicación. Esto genera un proceso de migración hacia las ciudades y un despoblamiento paulatino de las comunidades rurales.
Las familias sufren un grave desmembramiento y en las comunidades se genera un ambiente de inseguridad, desconfianza y falta de esperanza.
Además los productores rurales que se quedan trabajando en la zona padecen la fuerte desvalorización de los trabajos rurales y artesanales, y dejan atrás prácticas ancestrales que les permitían un sustento mínimo familiar.
A las dificultades de subsistencia que tiene el pequeño productor rural se suma la situación irregular de la tenencia de la tierra por la progresiva pérdida de los derechos constitucionales relacionados a la propiedad. La falta de una cultura de arraigo a su tierra, de trabajo en comunidad y de visión de futuro ha llevado a la desaparición de 100.000 productores, que tentados por el valor inmobiliario de sus tierras las venden perdiendo la única posibilidad de sustento que tienen.
Si bien existen organizaciones sociales e incluso algunos programas del estado que se ocupan de alguno de los aspectos de la problemática de los productores rurales -como la producción, la comercialización, la regularización dominial o el acceso al financiamiento- estos abordajes son parciales, no hay ninguno que apunte integralmente al problema más profundo de los pequeños productores rurales que es la falta de acceso a derechos.
Elementos de la estrategia
Luego de varios años de trabajo con pequeños productores rurales haciendo foco en la recuperación de sus tierras, y otros más en la producción y generación de ingresos para mejorar su nivel de vida, Roberto se dio cuenta de que la falla en los modelos de trabajo con los pequeños productores es que se trabaja "para ellos", y haciendo enfoque en alguno de sus problemas particulares -falta de titularidad de la tierra, bajo nivel de producción, escaso capital, dificultades en la comercializaciòn- pero sin tener en cuenta el problema real, que es la falta de percepción que tienen los campesinos de sì mismos como sujetos de derecho capaces de gestionar, reclamar y acceder a la toma de decisiones, a un mejor nivel de salud o educación. En fin, a hacerse cargo de su propio destino. Por eso creó el Mercado de Estepa, un sistema en el cual los productores rurales no solamente logran mejorar sus ingresos, pero mucho más importante, reconocen sus capacidades de liderazgo y participación, revalorizan su autoestima y su capacidad de operar como un grupo capaz de dejar de estar en la marginalidad y convertirse en un sujeto de derecho.
Un primer paso es que las comunidades aisladas y acostumbradas a la producción en muy pequeña escala en cada paraje efectivamente vean los beneficios de participar del Mercado. Roberto visita a cada una, y potenciando la misma actividad productiva que ya vienen realizando, genera procesos de capacitación que fortalece su identidad cultural y productiva para que puedan organizarse y participar en forma responsable de la administración del Mercado a través de una mesa de delegados que cada comunidad elegirá democráticamente. Cada comunidad elige dos responsables que son sus interlocutores frente al mercado.
El Mercado funciona con un sistema democrático, en el que los mismos productores ponen las reglas, fijan el precio y deciden cómo resolver los conflictos que se puedan generar. Está ubicado en un espacio físico concreto, en el que cada comunidad participa a través de dos representantes. Ellos llevan los productos de la comunidad y asumen el compromiso de vender lo que se produce al menos una vez. No existen intermediarios, son las propias comunidades las que venden los productos de la región. El precio lo pone el mismo productor y el dinero recaudado se le entrega al representante de la comunidad que lo distribuye entre sus familias productoras.
En el mercado son los mismos productores los que van modificando la calidad de sus productos a través de la observación y de compartir experiencias. Al afianzarse la auto valorización mejora la calidad de los productos y su presentación. Se busca que la calidad, el origen y la identidad cultural se conviertan en el valor agregado de cada producto. Además el Mercado posibilita la difusión de las distintas actividades y productos de la zona a los habitantes de Bariloche y a los turistas. Se organizan las fiestas de cada localidad, facilitando la infraestructura y publicidad para que cada comunidad exponga sus bienes culturales y se inter relacione con el resto de los miembros de la Región. Utilizan la radio Nacional Bariloche para difundir sus actividades.
A partir de la participación en el Mercado de La Estepa, los pobladores han iniciado un intercambio de conocimientos y experiencias descubriendo problemáticas comunes y sentimientos solidarios. La confianza entre ellos aumenta basada en la organización y en el cumplimiento de lo acordado. Los problemas de convivencia son resueltos a través del diálogo cuando antes profundizaban el aislamiento. Ellos se convierten en difusores directos de la iniciativa, y a la vez, promotores de nuevas alternativas comunitarias. Ya se ha logrado trabajar en el autogobierno del mercado, en el intercambio de culturas y saberes, y el paso siguiente es lograr una visión más amplia y determinar qué figura jurídica los representa.
Hoy integran el Mercado 136 productores rurales de lana, miel, cuero, artesanías, dulce, piedras talladas, conservas y licores pertenecientes a 9 comunidades que están en un radio de 400 km.
Participan las comunidades de Corralito-Panquehuau; Pichileufu arriba y abajo; Pilcaniyeu; Comallo-Anecon; Ñirihuau; Dina Huapi;
Río Chico arriba y abajo; Valcheta; Jacobacci; Viedma;
San Antonio Oeste y Las Grutas (todas ellas de la provincia de
Río Negro). Dina Huapi es una comunidad semi-rural, a diferencia del resto que son todas rurales.
El total de las ventas generadas en el 2004 ascendió a 42,135 pesos.
Durante el primer trimestre de este año hubo un significativo incremento de las ventas del 128% respecto del mismo trimestre del 2004. Los ingresos aumentaron con la incorporación de mejoras en los productos, en la determinación de precios al consumidor más cercanos al mercado turístico, y la organización de una exposición en el centro de la ciudad de Bariloche donde el tráfico de turistas es el mayor de la zona.
Desde la costa atlántica reciben productos para comercializar en el Mercado (mariscos en escabeche) y en breve se abrirá un mercado en Las Grutas o Viedma en el que